Ensayo · El Danubio
Aguanta, Europa
Un kayak plegable de setenta años, mil kilómetros de río a la espalda y un continente que hay que reparar.
Traducción del alemán. Leer el original Otras traducciones: English · Français · Italiano
De pie en el tejado de un cobertizo de botes soviético, meto la mano en la bolsa, llena a reventar de material de reparación. En la otra orilla del Danubio el Parlamento brilla con una dignidad noble e histórica, pero mis ojos solo miran al futuro: a mi kayak plegable de setenta años.
El armazón de madera que tensa la piel del barco está roto por muchos sitios, cruje, se tambalea. La piel hace agua por innumerables puntos, y si un día fue gris, ahora está llena de colores por todos los parches que le he puesto.
«Aguanta, Europa», le susurro al kayak. «Sesenta días más y llegamos al delta, a Ucrania, al mar Negro.» Ya llevamos casi mil kilómetros acompañando al Danubio, el kayak y su tripulación, que somos mi perro negro Fluffo y yo. Hace ya un mes que vamos a la deriva por esta arteria eterna de Europa, desde Ulm, pasando por Ingolstadt, Ratisbona, Viena y Bratislava, hasta Budapest.
Cuatro capitales, diez países, me repito, el río más largo de la Unión Europea. Y en medio de todo, entre barcos y olas, un hijo melancólico pero optimista del viejo continente, remando en su barco Europa, camino de dejarlo atrás por un tiempo.
Fluffo bosteza fuerte. Estas cavilaciones tan complicadas le dan igual; se las deja a los humanos. Un papel alargado se escapa de la bolsa y sale volando. Salto detrás. Es la factura de los apaños, del pegamento. La vuelvo a guardar, refunfuñando. El material de reparación fue caro, pero más cara saldría una Europa hundida, intento animarme. Una metáfora amarga, irónica. También mi querida Unión es un barco caro, melancólico, lleno de parches, que amenaza con hundirse en un mundo de gigantes cada vez más tormentoso, donde valen las reglas de los poderosos.
Me lo apunto, susurro con nostalgia, antes de echar otra mirada al Parlamento, donde el gobierno de Orbán urde sus planes, y vuelvo al trabajo. Porque mi Europa tiene que repararse. Mi futuro depende de ello. También el Danubio se hace más ancho, más poderoso, sus olas más altas.
Tassilo de la Torre Schönborn bajó el Danubio remando solo desde Ulm hasta el mar Negro, en un kayak plegable de los años cincuenta, y después siguió por tierra haciendo autostop hasta Kazajistán y Kirguistán. Ocho meses en total. Estudió arquitectura en la TU de Múnich y trabaja como fotógrafo y diseñador.